viernes, julio 29, 2005

Domingo

Estar encerrado durante 17 años puede ser terrible. No en vano a veces soñamos que volamos o tenemos alas. Esta historia me la contó un preso hace unos días, y yo le creo.


Domingo


Es importante ver la luna y las estrellas
y despertar en una cama decente.
Me lo dijo un preso
que en 17 años no había visto la luz de sol
sobre el pavimento.

Lo primero que hizo
cuando salió con la dominical,
fue ir al cementerio
(después de todo, todos iremos allá algún día)
y no fue a enterrarse
ni a contratarse como panteonero,
simplemente quizo poner una flor a sus padres
como no lo hacen muchos
que permanecen libres aquí afuera.

Dice que luego conoció el mall
y los supermercados y las carreteras,
que lo han llevado de a poco a todas partes
para no empacharlo.
Que no tiene trabajo
porque en quince horas no se puede hacer mucho
El preso cuenta las horas
con el cuidado de una religiosa
cuando pasa las cuentas del rosario
en los misterios dolorosos de Nuestro Señor

Y también me dijo
que el llanto del primer día de libertad
fue tan largo como los 17 años de encierro
pero más corto
que el camino de regreso a la luna y las estrellas